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Mas obras de Eliseo 18/09/2017Descargar gratis libro Un unico Dios


Más obras de Eliseo

"Los profetas dijeron a Eliseo: "Mira, el lugar en que habitamos a tu lado, es estrecho para nosotros. Vayamos al Jordán y tomemos allí cada uno una viga, y nos haremos allí un lugar para habitar en él". Dijo: "Id". Uno de ellos dijo: "Dígnate venir con tus siervos". Dijo él: "Iré". Se fue con ellos y llegando al Jordán se pusieron a cortar los árboles. Estaba uno derribando una viga cuando el hierro se cayó al agua y gritó diciendo: "¡Ay, mi señor, que era prestado!" El hombre de Dios dijo: "¿Dónde ha caído?". Y le mostró el sitio. Entonces cortó un trozo de madera y lo arrojó allí, y sacó el hierro a flote. Dijo: "Hazlo subir hacia ti". El extendió su mano y lo agarró.

El rey de Aram estaba en guerra con Israel y celebró consejo con sus siervos diciendo: "Bajad contra tal plaza". El hombre de Dios envió a decir al rey de Israel: "Ten cuidado de esa plaza, porque los arameos bajan contra ella". El rey de Israel envió gente al lugar que el hombre de Dios le había dicho. El le advertía y el rey estaba allí alerta, y no una ni dos veces. El corazón del rey de Aram se inquietó por este hecho, y llamando a sus oficiales les dijo: "¿No me vais a descubrir quién nos traiciona ante el rey de Israel?". Uno de los oficiales dijo: "No, rey mi señor, sino que Eliseo, el profeta que hay en Israel, ha avisado al rey de Israel de las palabras que has dicho en el interior de tu dormitorio". El dijo: "Id y ved dónde está y enviaré a prenderlo". Se le avisó diciendo: "Está en Dotán". Y mandó allí caballos, carros y un fuerte destacamento, que llegaron por la noche y cercaron la ciudad. Al día siguiente se levantó el criado del hombre de Dios para salir, pero el destacamento rodeaba la ciudad, con caballos y carros, y su criado le dijo: "¡Ay, mi señor!, ¿qué vamos a hacer?". El respondió: "No temas, que hay más con nosotros que con ellos". Oró Eliseo y dijo: "Yahveh, abre sus ojos para que vea". Abrió Yahveh los ojos del criado y vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego en torno a Eliseo. Bajaron hacia él los arameos y entonces Eliseo suplicó a Yahveh diciendo: "Deslumbra a esas gentes". Y las deslumbró según la palabra de Eliseo. Eliseo les dijo: "No es éste el camino y no es ésta la ciudad. Venid detrás de mí y os llevaré donde el hombre que buscáis". Y los llevó a Samaría. Cuando entraron en Samaría, Eliseo dijo: "Yahveh, abre sus ojos para que vean". Abrió Yahveh sus ojos y vieron que estaban dentro de Samaría. Cuando el rey de Israel los vio dijo a Eliseo: "¿Los mato, padre mío?". El respondió: "No los mates. ¿Acaso a los que haces cautivos con tu espada y con tu arco los matas? Pon ante ellos pan y agua para que coman y beban y se vuelvan a su señor". Les sirvió un gran banquete, comieron, bebieron y los despidió, y se fueron a su señor, y las bandas de Aram no volvieron a entrar en la tierra de Israel.

Sucedió después de esto que Ben Hadad, rey de Aram, reunió todas sus tropas y subió y puso sitio a Samaría. Hubo gran hambre en Samaría; y tanto la apretaron que una cabeza de asno valía ochenta siclos de plata, y un par de cebollas silvestres cinco siclos de plata. Pasaba el rey de Israel por la muralla cuando una mujer clamó a él diciendo: "Sálvame, rey mi señor!" Respondió: "Si Yahveh no te salva, ¿con qué puedo salvarte yo? ¿Con la era o con el lagar?". Díjole el rey: "¿Qué te ocurre?". Ella respondió: "Esta mujer me dijo: "Trae a tu hijo y lo comeremos hoy; y el mío lo comeremos mañana". Cocimos a mi hijo y nos lo comimos; al otro día le dije: "Trae tu hijo y lo comeremos", pero ella lo ha escondido". Cuando el rey oyó las palabras de la mujer desgarró sus vestidos; como pasaba sobre la muralla, el pueblo vio que llevaba sayal a raíz de su carne. Dijo: "Esto me haga el señor y esto me añada si hoy le queda la cabeza sobre los hombros a Eliseo, hijo de Safat".
Estaba Eliseo sentado en su casa y los ancianos estaban sentados con él. El rey envió un hombre por delante, pero antes que llegara el mensajero a donde él, dijo él a los ancianos: "Habéis visto que este hijo de asesino ha mandado cortar mi cabeza. Mirad, cuando llegue el mensajero, cerrad la puerta y rechazadle con ella. ¿Acaso no se oye tras de él el ruido de los pasos de su señor?". Todavía estaba hablando con ellos cuando el rey bajó al él y dijo: "¡Todo este mal viene de Yahveh! ¿Cómo he de confiar aún en Yahveh?"." (II Reyes 6:1-33)

"Dijo Eliseo: "Escucha la palabra de Yahveh: Así dice Yahveh: Mañana a esta hora estará la arroba de flor de harina a siclo, y las dos arrobas de cebada a siclo, en la puerta de Samaría". El escudero, sobre cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y le dijo: "Aunque Yahveh abriera ventanas en el cielo ¿podría ocurrir tal cosa?". Respondió: "Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás".
Cuatro hombres que estaban leprosos se hallaban a la entrada de la puerta y se dijeron uno a otro: "¿Por qué estarnos aquí hasta morir? Si decimos: "vamos a entrar en la ciudad", como hay hambre en ella, allí nos moriremos, y si nos quedamos aquí, moriremos igual. Así que vamos a pasarnos al campamento de Aram; si nos dejan vivir, viviremos, y si no matan, moriremos".
Se levantaron al anochecer para ir al campamento de Aram; llegaron hasta el límite del campamento de Aram y no había allí nadie, porque el Señor había hecho oír en el campamento de Aram estrépito de carros, estrépito de caballos y estrépito de un gran ejército, y se dijeron unos a otros: "El rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititas y a los reyes de Egipto para que vengan contra nosotros". Se levantaron y huyeron al anochecer abandonando sus tiendas, sus caballos y sus asnos, el campamento tal como estaba, y huyeron para salvar sus vidas.
Aquellos leprosos llegaron al límite del campamento y, entrando en una tienda, comieron, bebieron y se llevaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a esconderlo. Regresaron y entraron en otra tienda y escondieron lo que de allí se llevaron. Se dijeron uno a otro: "No está bien lo que hacemos; hoy es un día de albricias; y si nosotros estamos callados hasta el lucir de la mañana incurriremos en culpa; así pues, vayamos, entremos y anunciémoslo a la casa del rey". Llegaron y llamaron a los guardias de la ciudad y se lo anunciaron diciendo: "Hemos ido al campamento de Aram y no hay nadie, ninguna voz de hombre; sólo los caballos atados, los asnos atados y las tiendas intactas". Llamaron los centinelas y lo comunicaron al interior de la casa del rey. Se levantó el rey de noche y dijo a sus oficiales: "Os voy a decir lo que nos ha hecho Aram; saben que estamos hambrientos, han salido del campamento y se han escondido en el campo pensando: Saldrán de la ciudad, los prenderemos vivos y entraremos en la ciudad". Uno de los oficiales respondió y dijo: "Que se tomen cinco de los caballos restantes, pues les va a pasar lo que a toda la muchedumbre de Israel que ha perecido; y enviémosles para ver". Tomaron dos tiros de caballos y los envió el rey en pos de los arameos diciendo: "Id y ved". Fueron tras ellos hasta el Jordán, y todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos que habían arrojado los arameos en su precipitación. Los mensajeros volvieron y se lo comunicaron al rey. Salió el pueblo y saqueó el campamento de Aram; la arroba de flor de harina estaba a siclo y las dos arrobas de cebada a siclo, según la palabra de Yahveh. El rey había puesto de vigilancia a la puerta al escudero en cuyo brazo se apoyaba; pero el pueblo le pisoteó en la puerta y murió, según la palabra del hombre de Dios, cuando el rey bajó donde él. Sucedió según la palabra del hombre de Dios al rey cuando dijo: "Mañana a esta hora estarán a siclo las dos arrobas de cebada y a siclo la arroba de flor de harina en la puerta de Samaría". Respondió el escudero al hombre de Dios diciendo: "Aunque Yahveh abriera ventanas en el cielo, ¿podría ocurrir tal cosa?". Respondió: "Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás". Y así sucedió. El pueblo lo pisoteó en la puerta y murió." (II Reyes 7:1-20).

Y como estos hechos, hay más. Eliseo no deja de sorprenderme.

***

Con Eliseo se inicia otra purificación de las que mencionamos un poco más arriba. Otra época de eliminación de dioses falsos y de sus adoradores, pero no por Eliseo, sino porque es claro que ya era tiempo para Dios, nuevamente, de separar, por Dios, la "cizaña del trigo".
Con cada limpieza la situación general se acercaba más a la base necesaria para otro cambio. Pero no nos adelantemos, sigamos viendo la progresión. Cada cosa en su lugar y a su tiempo.

Veamos.
El profeta Eliseo envía a uno de los hijos de los profetas a ungir al rey de Israel que va a desplazar a Ajab.

"El profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: "Ciñe tu cintura y toma este frasco de aceite en tu mano y vete a Ramot de Galaad. Cuando llegues allí, verás a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí; en llegando, haz que se levante de entre sus compañeros y hazle entrar en una habitación apartada. Tomarás el frasco de aceite y lo derramarás sobre su cabeza diciendo: "Así dice Yahveh: Te he ungido rey de Israel". Abres luego la puerta y huyes sin detenerte". El joven partió para Ramot de Galaad. Cuando llegó estaban los jefes del ejército sentados y dijo: "Tengo una palabra para ti, jefe". Jehú preguntó: "¿Para quién de nosotros?". Respondió: "Para ti, jefe". Jehú se levantó y entró en la casa; el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo: "Así habla Yahveh, Dios de Israel: Te he ungido rey del pueblo de Yahveh, de Israel. Herirás a la casa de Ajab, tu señor, y vengaré la sangre de mis siervos los profetas y la sangre de todos los siervos de Yahveh de mano de Jezabel. Toda la casa de Ajab perecerá y exterminaré a todos los varones de Ajab, libres o esclavos, en Israel. Dejaré la casa de Ajab como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la casa de Basá, hijo de Ajías. Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Yizreel; no tendrá sepultura". Y abriendo la puerta, huyó. Jehú salió a donde los servidores de su señor. Le dijeron: "¿Todo va bien? ¿A qué ha venido a ti ese loco?". Respondió: "Vosotros conocéis a ese hombre y sus palabras". Dijeron: "No es verdad. Dínoslo". Replicó "Esto y esto me ha dicho: Así dice Yahveh: Te he ungido rey de Israel". Se apresuraron a tomar cada uno su manto que colocaron bajo él encima de las gradas; tocaron el cuerno y gritaron: "Jehú es rey". Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí, conspiró contra Joram.
Estaba Joram custodiando Ramot de Galaad, él y todo Israel, contra Jazael, rey de Aram. Pero el rey Joram tuvo que volverse a Yizreel para curarse de las heridas que le habían infligido los arameos en su batalla contra Jazael, rey de Aram. Jehú dijo: "Si éste es vuestro deseo, que no salga de la ciudad ningún fugitivo que ponga en aviso a Yizreel". Montó Jehú en el carro y se fue a Yizreel, pues Joram estaba acostado allí, y Ocozías, rey de Judá, había bajado a visitar a Joram. El vigía que estaba sobre la torre de Yizreel vio la tropa de Jehú que llegaba y dijo: "Veo una tropa". Dijo Joram: "Que se tome uno de a caballo y se le envíe a su encuentro y pregunte: ¿Hay paz?". Salió el jinete a su encuentro y dijo: "Así dice el rey: ¿Hay paz?". Jehú respondió: "¿Qué te importa a ti la paz? Ponte detrás de mí". El vigía avisó: "El mensajero ha llegado donde ellos, pero no vuelve".
Volvió segunda vez a enviar un jinete que llegó donde ellos y dijo: "Así dice el rey: ¿Hay paz?". Respondió Jehú: "¿Qué te importa a ti la paz? Ponte detrás de mí". El vigía avisó: "Ha llegado a ellos pero no vuelve. Su modo de guiar es el guiar de Jehú, hijo de Nimsí, pues conduce como un loco". Dijo Joram: "Enganchad". Engancharon su carro y salieron Joram, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro, y partieron al encuentro de Jehú. Le encontraron en el campo de Nabot el de Yizreel. Cuando Joram vio a Jehú, preguntó: "¿Hay paz, Jehú?". Respondió: "¿Qué paz mientras duran las prostituciones de tu madre Jezabel y sus muchas hechicerías?". Volvió riendas Joram y huyó diciendo a Ocozías: "Traición, Ocozías". Jehú tensó el arco en su mano y alcanzó a Joram entre los hombros; la flecha le atravesó el corazón y se desplomó en su carro. Jehú dijo a su escudero Bidcar: "Llévale y arrójale en el campo de Nabot de Yizreel, pues recuerda que, cuando yo y tú marchábamos en carro detrás de Ajab, su padre, Yahveh lanzó contra él esta sentencia: "¿Es que no he visto yo ayer la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos?, oráculo de Yahveh. Yo le devolveré lo mismo en este campo, oráculo de Yahveh". Así que llévale y arrójale en el campo según la palabra de Yahveh". Viendo esto Ocozías, rey de Judá, huyó por el camino de Bet Haggan; Jehú partió en su persecución diciendo: "¡También a él! ¡Matadle!" Y le hirieron en su carro en la cuesta de Gur, la de Yibleam; se refugió en Meguiddó y murió allí. Sus servidores le llevaron en carro a Jerusalén y le sepultaron en su sepulcro con sus padres en la ciudad de David.
Ocozías había comenzado a reinar en Judá en el año once de Joram, hijo de Ajab.
Entró Jehú en Yizreel; habiéndolo oído Jezabel, se puso afeites en los ojos, adornó su cabeza y se asomó a la ventana, y cuando Jehú entraba por la puerta, dijo ella: "¿Todo va bien, Zimrí, asesino de su señor?". Alzó su rostro hacia la ventana y dijo: "¿Quién está conmigo, quién?". Se asomaron hacia él dos o tres eunucos, y él les dijo: "Echadla abajo". La echaron abajo y su sangre salpicó los muros y a los caballos, que la pisotearon. Entró, comió, bebió y dijo: "Ocupaos de esa maldita y enterradla, pues es hija de rey". Fueron a enterrarla y no hallaron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de las manos. Volvieron a comunicárselo y él dijo: "Es la palabra que Yahveh había dicho por boca de su siervo Elías tesbita: "En el campo de Yizreel comerán los perros la carne de Jezabel. El cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo, de modo que no se podrá decir: Esta es Jezabel""." (II Reyes 9:1-37)

Jehú mató a todos los hijos de Ajab, el rey destronado, luego fue a Samaría y allí terminó con los restantes hijos de Ajab que habían sobrevivido, en total eran setenta.
Después de esto atrapa a todos los profetas de Baal -el principal ídolo al que adoraban en ese momento-.

"Reunió Jehú a todo el pueblo y les dijo: "Ajab sirvió a Baal un poco, Jehú le servirá mucho, así que llamadme a todos los profetas de Baal, y a todos sus sacerdotes, sin que falte ninguno, porque tengo que hacer un gran sacrificio a Baal; todo el que falte morirá".
Jehú obraba con astucia para hacer perecer a los servidores de Baal. Dijo Jehú: "Convocad una reunión santa para Baal". Ellos la convocaron. Envió Jehú mensajeros por todo Israel y vinieron todos los siervos de Baal, no quedó nadie sin venir. Entraron en el templo de Baal quedando lleno el templo de punta a cabo. Dijo al encargado del vestuario: "Saca los vestidos para todos los servidores de Baal". El hizo sacar los vestidos para ellos. Jehú vino con Yonadab, hijo de Rekab, al templo de Baal y dijo a los fieles de Baal: "Investigad y ved no haya aquí entre vosotros algún siervo de Yahveh, sino tan sólo siervos de Baal". Y entró para hacer los sacrificios y los holocaustos. Pero Jehú había colocado fuera ochenta hombres y dijo: "El que deje escapar a uno de los hombres que yo voy a entregar en vuestras manos, responderá con su vida". Cuando hubo acabado de hacer el holocausto, dijo Jehú a la guardia y a los escuderos: "Entrad y matadles. Que nadie salga". La guardia y los escuderos entraron, los pasaron a filo de espada y llegaron hasta el santuario del templo de Baal. Sacaron el cipo del templo de Baal y lo quemaron. Derribaron el altar de Baal, demolieron el templo de Baal, y lo convirtieron en cloaca hasta el día de hoy.
Jehú exterminó a Baal de Israel. Pero Jehú no se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Israel, los becerros de oro de Betel y de Dan.
Dijo Yahveh a Jehú: "Porque te has portado bien haciendo lo recto a mis ojos y has hecho a la casa de Ajab según todo lo que yo tenía en mi corazón, tus hijos hasta la cuarta generación se sentarán sobre el trono de Israel". Pero Jehú no guardó el camino de la ley de Yahveh, Dios de Israel, con todo su corazón, no se apartó de los pecados con que Jeroboam hizo pecar a Israel.
En aquellos días comenzó Yahveh a cercenar a Israel, y Jazael batió todas las fronteras de Israel, desde el Jordán al sol levante, todo el país de Galaad, de los gaditas, de los rubenitas, de Manasés, desde Aroer, sobre el torrente Arnón, Galaad y Basán.
(…)
Se acostó Jehú con sus padres y le sepultaron en Samaría, y su hijo Joacaz reinó en su lugar.
Los días que Jehú reinó sobre Israel fueron veintiocho años en Samaría." (II Reyes 10:18-36).

***

- ¿Cuándo llega Jesús? - pregunta mi hijo Lautaro -.
- Estos acontecimientos, que acabo de relatarte, se producen aproximadamente en el año ochocientos antes de Cristo, para tener una idea, sólo faltan ochocientos años para que llegue Jesús, el Mesías - le explico.

***

Atalía madre de Ocozías reina en Israel luego de la muerte de éste.
Atalía consigue matar a toda la estirpe de Ocozías, pero Yehoseba, hermana del rey, salva a uno de ellos y lo esconde. Joás es el único príncipe sobreviviente. Al séptimo año, Yehoseba saca a Joás a la luz y en un momento lo unge como rey por encima de Atalía.

"Oyó Atalía el clamor del pueblo y se acercó al pueblo que estaba en la Casa de Yahveh. Cuando vio al rey de pie junto a la columna, según la costumbre, y a los jefes y las trompetas junto al rey, y a todo el pueblo de la tierra lleno de alegría y tocando las trompetas, rasgó Atalía sus vestidos y gritó: "¡Traición, traición!" El sacerdote Yehoyadá dio orden a los jefes de las tropas diciendo: "Hacedla salir de las filas y el que la siga que sea pasado a espada", porque dijo el sacerdote: "Que no la maten en la Casa de Yahveh". Le echaron mano y, cuando llegó a la casa del rey, por el camino de la Entrada de los Caballos, allí la mataron.
Yehoyadá hizo una alianza entre Yahveh, el rey y el pueblo, para ser pueblo de Yahveh; y entre el rey y el pueblo. Fue todo el pueblo de la tierra al templo de Baal y lo derribó. Destrozaron sus altares y sus imágenes, y mataron ante los altares a Matán, sacerdote de Baal. El sacerdote puso centinelas en la Casa de Yahveh, y después tomó a los jefes de cien, a los carios y a la guardia y a todo el pueblo de la tierra, e hicieron bajar al rey de la Casa de Yahveh y entraron a la casa del rey por el camino de la guardia, y se sentó en el trono de los reyes. Todo el pueblo de la tierra estaba contento y la ciudad quedó tranquila; en cuanto a Atalía, había muerto a espada en la casa del rey." (II Reyes 11:13-20)

Continuaron los cambios de reyes y los pequeños ajustes. En este lapso los israelitas seguían realizando ofrendas y altares a dioses falsos. Lo mismo ocurría también en Judá.
 

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  • Un único Dios ISBN 9789873324383, y El observador ISBN 9789873324376
  • por Alberto Canen, todos los derechos reservados, copyright 2010-2016
  • Buenos Aires, Argentina | Tel.: (54) 11-4765-9390
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