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Elias y Eliseo - La Biblia 24/11/2017Descargar gratis libro Un unico Dios


ELÍAS Y ELISEO. ¿QUIZAS ANGELES?...

Dios envía al profeta Elías


En los tiempos del reinado de Ajab en Israel, mientras era Asá rey en Judá vivió el profeta Elías tesbita, de Tisbe de Galaad.
Como Ajab había tolerado y agravado la degradación de Israel, no veía con buenos ojos a Elías, quien era un profeta de Dios que se mantuvo, en todo momento, firme en el cumplimiento de las leyes y preceptos de Yahveh y, por este motivo, se transformó en su enemigo acérrimo.
Mientras Elías hacía milagros en nombre de Yahveh, Ajab adoraba a dioses falsos como Baal.

"Elías tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: "Vive Yahveh, Dios de Israel, a quien sirvo. No habrá estos años rocío ni lluvia más que cuando mi boca lo diga". Fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías diciendo: "Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Kerit que está al este del Jordán. Beberás del torrente y encargaré a los cuervos que te sustenten allí".
Hizo según la palabra de Yahveh, y se fue a vivir en el torrente de Kerit que está al este del Jordán.
Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.
Al cabo de los días se secó el torrente, porque no había lluvia en el país.
Le fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías diciendo: "Levántate y vete a Sarepta de Sidón y quédate allí, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te dé de comer".
Se levantó y se fue a Sarepta.
Cuando entraba por la puerta de la ciudad había allí una mujer viuda que recogía leña. La llamó Elías y dijo: "Tráeme, por favor, un poco de agua para mí en tu jarro para que pueda beber". Cuando ella iba a traérsela, le gritó: "Tráeme, por favor, un bocado de pan en tu mano". Ella dijo: "Vive Yahveh tu Dios, no tengo nada de pan cocido: sólo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza. Estoy recogiendo dos palos, entraré y lo prepararé para mí y para mi hijo, lo comeremos y moriremos". Pero Elías le dijo: "No temas. Entra y haz como has dicho, pero primero haz una torta pequeña para mí y tráemela, y luego la harás para ti y para tu hijo. Porque así habla Yahveh, Dios de Israel: No se acabará la harina en la tinaja, no se agotará el aceite en la orza hasta el día en que Yahveh conceda la lluvia sobre la haz de la tierra. Ella se fue e hizo según la palabra de Elías, y comieron ella, él y su hijo. No se acabó la harina en la tinaja ni se agotó el aceite en la orza, según la palabra que Yahveh había dicho por boca de Elías.
Después de estas cosas, el hijo de la dueña de la casa cayó enfermo, y la enfermedad fue tan recia que se quedó sin aliento. Entonces ella dijo a Elías: "¿Qué hay entre tú y yo, hombre de Dios? ¿Es que has venido a mí para recordar mis faltas y hacer morir a mi hijo?". Elías respondió: "Dame tu hijo". El lo tomó de su regazo y subió a la habitación de arriba donde él vivía, y lo acostó en su lecho; después clamó a Yahveh diciendo: "Yahveh, Dios mío, ¿es que también vas a hacer mal a la viuda en cuya casa me hospedo, haciendo morir a su hijo?". Se tendió tres veces sobre el niño, invocó a Yahveh y dijo: "Yahveh, Dios mío, que vuelva, por favor, el alma de este niño dentro de él". Yahveh escucho la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él y revivió. Tomó Elías al niño, lo bajó de la habitación de arriba de la casa y se lo dio a su madre. Dijo Elías: "Mira, tu hijo vive". La mujer dijo a Elías: "Ahora sí que he conocido bien que eres un hombre de Dios, y que es verdad en tu boca la palabra de Yahveh"." (I Reyes 17:1-24).

Recordemos que Ajab reinaba por Israel y Samaría era tierra de Israel. El pueblo elegido se había dividido y estaba por un lado Israel y por otro Judá. Jezabel es la mujer de Ajab, una persona vil y sin escrúpulos.

"Pasado mucho tiempo, fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías, al tercer año, diciendo:
"Vete a presentarte a Ajab, pues voy a hacer llover sobre la superficie de la tierra".
Fue Elías a presentarse a Ajab. El hambre se había apoderado de Samaría. Ajab llamó a Abdías, que estaba al frente de la casa -Abdías era muy temeroso de Yahveh. Cuando Jezabel exterminó a los profetas de Yahveh, Abdías había tomado cien profetas y los había ocultado, de cincuenta en cincuenta, en una cueva, dándoles de comer pan y agua. - Dijo Ajab a Abdías: "Ven, vamos a recorrer el país por todas sus fuentes y todos sus torrentes; acaso encontremos hierba para mantener los caballos y mulos y no tengamos que suprimir el ganado". Se repartieron el país para recorrerlo: "Ajab se fue solo por un camino y Abdías se fue solo por otro. Estando Abdías en camino, le salió Elías al encuentro. Le reconoció y cayó sobre su rostro y dijo: ¿Eres tú Elías, mi señor?". El respondió: "Yo soy. Vete a decir a tu señor: Ahí está Elías". Respondió: "¿En qué he pecado, pues entregas a tu siervo en manos de Ajab para hacerme morir? ¡Vive Yahveh tu Dios! No hay nación o reino donde no haya mandado a buscarte mi señor, y cuando decían: "No está aquí", hacía jurar a la nación o al reino que no te había encontrado. Y ahora tú dices: "Vete a decir a tu señor: Ahí está Elías". Y sucederá que, cuando me aleje de ti, el espíritu de Yahveh te llevará no sé dónde, llegaré a avisar a Ajab, pero no te hallará y me matará. Sin embargo, tu siervo teme a Yahveh desde su juventud. ¿Nadie ha hecho saber a mi señor lo que hice cuando Jezabel mató a los profetas de Yahveh, que oculté a cien de los profetas de Yahveh, de cincuenta en cincuenta, en una cueva, y les alimenté con pan y agua? Y ahora tú me dices: "Vete a decir a tu señor: Ahí está Elías". ¡Me matará" Respondió Elías: "¡Vive Yahveh Sebaot a quien sirvo! Hoy me presentaré a él". Abdías fue al encuentro de Ajab y le avisó, y Ajab partió al encuentro de Elías. Cuando Ajab vio a Elías le dijo: "¿Eres tú, azote de Israel?". El respondió: "No soy yo el azote de Israel, sino tú y la casa de tu padre, por haber abandonado a Yahveh y haber seguido a los Baales. Pero ahora, envía a reunir junto a mí a todo Israel en el monte Carmelo, y a los 450 profetas de Baal que comen a la mesa de Jezabel".
Ajab envió a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: "¿Hasta cuándo vais a estar cojeando con los dos pies? Si Yahveh es Dios, seguidle; si Baal, seguid a éste". Pero el pueblo no le respondió nada. Dijo Elías al pueblo: "He quedado yo solo como profeta de Yahveh, mientras que los profetas de Baal son 450. Que se nos den dos novillos; que elijan un novillo para ellos, que los despedacen y lo pongan sobre la leña, pero que no pongan fuego. Yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, pero no pondré fuego. Invocaréis el nombre de vuestro dios; yo invocaré el nombre de Yahveh. Y el dios que responda por el fuego, ése es Dios". Todo el pueblo respondió: "¡Está bien!" Elías dijo a los profetas de Baal: "Elegíos un novillo y comenzad vosotros primero, pues sois más numerosos. Invocad el nombre de vuestro dios, pero no pongáis fuego". Tomaron el novillo que les dieron, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: "¡Baal, respóndenos!" Pero no hubo voz ni respuesta. Danzaban cojeando junto al altar que habían hecho. Llegado el mediodía, Elías se burlaba de ellos y decía: "¡Gritad más alto, porque es un dios; tendrá algún negocio, le habrá ocurrido algo, estará en camino; tal vez esté dormido y se despertará!" Gritaron más alto, sajándose, según su costumbre, con cuchillos y lancetas hasta chorrear la sangre sobre ellos.
Cuando pasó el mediodía, se pusieron en trance hasta la hora de hacer la ofrenda, pero no hubo voz, ni quien escuchara ni quien respondiera. Entonces Elías dijo a todo el pueblo: "Acercaos a mí". Todo el pueblo se acercó a él. Reparó el altar de Yahveh que había sido demolido. Tomó Elías doce piedras según el número de las tribus de los hijos de Jacob, al que fue dirigida la palabra de Yahveh diciendo: "Israel será tu nombre". Erigió con las piedras un altar al nombre de Yahveh, e hizo alrededor del altar una zanja que contenía como unas dos arrobas de sembrado. Dispuso leña, despedazó el novillo y lo puso sobre la leña. Después dijo: "Llenad de agua cuatro tinajas y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña". Lo hicieron así. Dijo: "Repetid" y repitieron. Dijo: "Hacedlo por tercera vez". Y por tercera vez lo hicieron. El agua corrió alrededor del altar, y hasta la zanja se llenó de agua.
A la hora en que se presenta la ofrenda, se acercó el profeta Elías y dijo: "Yahveh, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios en Israel y que yo soy tu servidor y que por orden tuya he ejecutado toda estas cosas. Respóndeme, Yahveh, respóndeme, y que todo este pueblo sepa que tú, Yahveh, eres Dios que conviertes sus corazones". Cayó el fuego de Yahveh que devoró el holocausto y la leña, y lamió el agua de las zanjas. Todo el pueblo lo vio y cayeron sobre su rostro y dijeron: "¡Yahveh es Dios, Yahveh es Dios!" Elías les dijo: "Echad mano a los profetas de Baal, que no escape ninguno de ellos"; les echaron mano y Elías les hizo bajar al torrente de Quisón, y los degolló allí. Dijo Elías a Ajab: "Sube, come y bebe, porque ya se oye el rumor de la lluvia".
Subió Ajab a comer y beber, mientras que Elías subía a la cima del Carmelo, y se encorvó hacia la tierra poniendo su rostro entre las rodillas. Dijo a su criado: "Sube y mira hacia el mar". Subió, miró y dijo: "No hay nada". El dijo: "Vuelve". Y esto siete veces. A la séptima vez dijo: "Hay una nube como la palma de un hombre, que sube del mar". Entonces dijo: "Sube a decir a Ajab: Unce el carro y baja, no te detenga la lluvia". Poco a poco se fue oscureciendo el cielo por las nubes y el viento y se produjo gran lluvia.
Ajab montó en su carro y se fue a Yizreel.
La mano de Yahveh vino sobre Elías que, ciñéndose la cintura, corrió delante de Ajab hasta la entrada de Yizreel." (I Reyes 18:1-46)

Elías realiza nuevas y grandes acciones para mostrar, una vez más, que Yahveh es el único Dios.
Somos testigos de la preparación del escenario, los años de sequía, la aparición de Elías, un hombre santo apegado a Dios y sus normas, perseguido por el rey, quien, al parecer, no termina de decidirse a matarlo. Obviamente no lo hace porque está protegido por Dios. Ellos deben cumplir con la parte protagónica asignada por Dios para la futura enseñanza que se dará a los propios y los ajenos.
Elías ya tiene una fama que lo precede, no es cualquier profeta, es un representante de Dios. Limpió el reino de Ajab de falsos profetas, y dejó en evidencia que esos supuestos dioses no existen.
Debemos mantener presente porqué se realizan acciones poderosas en nombre de Dios y debemos recordar a los que observan, a "los otros".
La actual situación es mucho mejor, en comparación con la que padeció el pueblo elegido cuando realiza la marcha por el desierto, o cuando ocupan las tierras del otro lado del Jordán.
Aunque mucha gente intenta mantener la idolatría, la adoración de dioses falsos, en esta etapa, no se da la degradación de épocas pasadas. Las acciones, los hechos realizados en tiempos de Moisés y los subsiguientes habían logrado cambios y a esta altura de los acontecimientos, se aprecia que se alcanzó parte del objetivo. El "terreno" de la humanidad estaba mucho más ordenado y limpio, ya no era aquel basural del comienzo, ahora se podía empezar a plantar algo más, se podía comenzar a edificar algo.
Por ello, se nota que Dios tiene cierta paciencia, una paciencia que no habíamos visto antes con Moisés. Es otra época. Hubo una evolución espiritual, lenta, pero clara. Tal vez no está explícita en el texto, pero sí si tomamos de referencia las diferentes y nuevas reacciones de Dios.
Si al principio parecían reacciones desmedidas en las que Dios abría la tierra y tragaba a quienes habían ido contra sus leyes, o hacía que su ejército llevara políticas de tierra arrasada, ahora casi es irreconocible, ¿qué pasó? ¿qué había cambiado? En Dios nada, Él era el mismo de antes, mil, dos mil, tres mil años no son nada para Dios, Él no cambia de opinión, ni es caprichoso. Lo que había cambiado era la situación de base, de origen.
La extrema degradación de los hombres, que lo había llevado a tomar acciones implacables como las de Sodoma y Gomorra, ya no estaba presente. Ahora era tiempo de correcciones de rumbo, en algunas ocasiones debía de hacerse con más fuerza, en otras de manera más suave.
Ahora Dios se muestra a Elías, lo que no era nada común. Fueron muy, muy pocos lo que pudieron gozar de ese privilegio.

"Ajab refirió a Jezabel cuanto había hecho Elías y cómo había pasado a cuchillo a todos los profetas. Envió Jezabel un mensajero a Elías diciendo: "Que los dioses me hagan esto y me añaden esto otro si mañana a estas horas no he puesto tu alma igual que el alma de uno de ellos". El tuvo miedo, se levantó y se fue para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado.
El caminó por el desierto una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama. Se deseó la muerte y dijo: "¡Basta ya, Yahveh! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres!" Se acostó y se durmió bajo una retama, pero un ángel le tocó y le dijo: "Levántate y come". Miró y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió y bebió y se volvió a acostar. Volvió segunda vez el ángel de Yahveh, le tocó y le dijo: "Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti". Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb. Allí entró en la cueva, y pasó en ella la noche. Le fue dirigida la palabra de Yahveh, que le dijo: "¿Qué haces aquí Elías?". El dijo: "Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela". Le dijo: "Sal y ponte en el monte ante Yahveh". Y he aquí que Yahveh pasaba. Hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebrantaba las rocas ante Yahveh; pero no estaba Yahveh en el huracán. Después del huracán, un temblor de tierra; pero no estaba Yahveh en el temblor. Después del temblor, fuego, pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Le fue dirigida una voz que le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?". El respondió: "Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela". Yahveh le dijo: "Anda, vuelve por tu camino hacia el desierto de Damasco. Vete y unge a Jazael como rey de Aram. Ungirás a Jehú, hijo de Nimsí, como rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, le ungirás como profeta en tu lugar. Al que escape a la espada de Jazael le hará morir Jehú, y al que escape a la espada de Jehú, le hará morir Eliseo. Pero me reservaré 7.000 en Israel: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal, y todas las bocas que no le besaron".
Partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando.
Había delante de él doce yuntas y él estaba con la duodécima.
Pasó Elías y le echó su manto encima. El abandonó los bueyes, corrió tras de Elías y le dijo: "Déjame ir a besar a mi padre y a mi madre y te seguiré". Le respondió: "Anda, vuélvete, pues ¿qué te he hecho?".
Volvió atrás Eliseo, tomó el par de bueyes y los sacrificó, asó su carne con el yugo de los bueyes y dio a sus gentes, que comieron. Después se levantó, se fue tras de Elías y entró a su servicio." (I Reyes 20:1-21).

Observemos que Dios, en este momento, se dedica a purificar a su "pueblo elegido". Ahora, es su propia gente la que debe ser seleccionada, necesita separar la paja del trigo: "me reservaré 7.000 en Israel: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal, y todas las bocas que no le besaron"; los que no se habían rendido al politeísmo, a la adoración de dioses falsos.
Al fin Ajab muere en circunstancias que Dios había predicho. Y Elías sigue realizando demostraciones de su cercanía con Dios.

"Después de la muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel. Ocozías se cayó por la celosía de su habitación de arriba de Samaría; quedó maltrecho, y envió mensajeros a los que dijo: "Id a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, si sobreviviré a esta desgracia". Pero el Ángel de Yahveh dijo a Elías tesbita: "Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel vais vosotros a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? Por eso, así habla Yahveh: Del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto morirás". Y Elías se fue.
Los mensajeros se volvieron a Ocozías y éste les dijo: "¿Cómo así os habéis vuelto?". Le respondieron: "Nos salió al paso un hombre que nos dijo: "Andad, volveos al rey que os ha enviado y decidle: Así habla Yahveh: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel envías tú a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? Por eso, del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto morirás"". Les preguntó: "¿Qué aspecto tenía el hombre que os salió al paso y os dijo estas palabras?". Le respondieron: "Era un hombre con manto de pelo y con una faja de piel ceñida a su cintura". El dijo: "Es Elías tesbita". Le envió un jefe de cincuenta con sus cincuenta hombres, que subió a donde él; estaba él sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: "Hombre de Dios, el rey manda que bajes". Respondió Elías y dijo al jefe de cincuenta: "Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta". Bajó fuego del cielo que le devoró a él y a sus cincuenta. Volvió a enviarle otro jefe de cincuenta, que subió y le dijo: "Hombre de Dios. Así dice el rey: Apresúrate a bajar". Respondió Elías y le dijo: "Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta". Bajó fuego del cielo que le devoró a él y a sus cincuenta. Volvió a enviar un tercer jefe de cincuenta con sus cincuenta; llegó el tercer jefe de cincuenta, cayó de rodillas ante Elías y le suplicó diciendo: "Hombre de Dios, te ruego que mi vida y la vida de estos cincuenta tuyos sea preciosa a tus ojos. Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado a los dos jefes de cincuenta anteriores y a sus cincuenta; pues que ahora mi vida sea preciosa a tus ojos". El Ángel de Yahveh dijo a Elías: "Baja con él y no temas ante él". Se levantó y bajó con él donde el rey, y le dijo: "Así dice Yahveh: Porque has enviado mensajeros para consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, por eso, del lecho al que has subido no bajarás, pues de cierto morirás". Murió según la palabra de Yahveh que Elías había dicho, y reinó en su lugar su hermano Joram, en el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque él no tenía hijos. " (II Reyes 1:1-17).

Impresionantes las demostraciones que realiza Yahveh a través de Elías. Pero también lo son las de misericordia con el tercer jefe de cincuenta.
Llegan a su fin los días de Elías en la tierra y es llevado por Dios al cielo -¡esto sí que no lo habíamos visto antes! Elías era alguien realmente especial ante sus ojos-.

"Esto pasó cuando Yahveh arrebató a Elías en el torbellino al cielo. Elías y Eliseo partieron de Guilgal. Dijo Elías a Eliseo: "Quédate aquí, porque Yahveh me envía a Betel". Eliseo dijo: "Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré". Y bajaron a Betel.
Salió la comunidad de los profetas que había en Betel al encuentro de Eliseo y le dijeron: "¿No sabes que Yahveh arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?". Respondió: "También yo lo sé. ¡Callad!" Elías dijo a Eliseo: "Quédate aquí, porque Yahveh me envía a Jericó". Pero él respondió: "Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré", y siguieron hacia Jericó. Se acercó a Eliseo la comunidad de los profetas que había en Jericó y le dijeron: "¿No sabes que Yahveh arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?". Respondió: "También yo lo sé. ¡Callad!" Le dijo Elías: "Quédate aquí, porque Yahveh me envía al Jordán". Respondió: "Vive Yahveh y vive tu alma que no te dejaré", y fueron los dos. Cincuenta hombres de la comunidad de los profetas vinieron y se quedaron enfrente, a cierta distancia; ellos dos se detuvieron junto al Jordán. Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasaron ambos a pie enjuto. Cuando hubieron pasado, dijo Elías a Eliseo: "Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de ser arrebatado de tu lado". Dijo Eliseo: "Que tenga dos partes de tu espíritu". Le dijo: "Pides una cosa difícil; si alcanzas a verme cuando sea llevado de tu lado, lo tendrás; si no, no lo tendrás".
Iban caminando mientras hablaban, cuando un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ellos; y Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo le veía y clamaba: "¡Padre mío, padre mío! Carro y caballos de Israel! ¡Auriga suyo!" Y no le vio más. Asió sus vestidos y los desgarró en dos. Tomó el manto que se le había caído a Elías y se volvió, parándose en la orilla del Jordán. Tomó el manto de Elías y golpeó las aguas diciendo: ¿Dónde está Yahveh, el Dios de Elías?". Golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasó Eliseo. Habiéndole visto la comunidad de los profetas que estaban enfrente, dijeron: "El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo". Fueron a su encuentro, se postraron ante él en tierra, le dijeron: "Hay entre tus siervos cincuenta hombres valerosos; que vayan a buscar a tu señor, no sea que el espíritu de Yahveh se lo haya llevado y le haya arrojado en alguna montaña o algún valle". El dijo: "No mandéis a nadie". Como le insistieran hasta la saciedad dijo: "Mandad". Mandaron cincuenta hombres que le buscaron durante tres días, pero no le encontraron. Se volvieron donde él, que se había quedado en Jericó, y les dijo: "¿No os dije que no fuerais?"." (II Reyes 2:1-18).

No sólo Dios envía a buscarlo, sino que un momento antes él y su hijo habían pasado caminando por el cauce seco del Jordán, se habían abierto sus aguas con la mayor naturalidad ¿¡…!?, como si fuese algo de todos los días.
Espectacular, maravilloso, verdaderamente impresionante.
Seguramente era algo que iba a ser motivo de infinidad de comentarios por mucho tiempo. Si bien no fue algo tan visible como había sido el cruce del Jordán por los cientos de miles de israelitas, de todas maneras estaban presentes los cincuenta profetas en la orilla contemplando el prodigio y seguramente lo iban a comentar.
Luego de la partida de Elías, Eliseo cuenta con el beneplácito de Dios y continúa realizando prodigios semejantes o tal vez mayores que los de su padre.
Eliseo junto con Elías fueron dos profetas que gozaron de una cercanía con Dios muy grande. Era muy llamativa esta afinidad; si establecemos una comparación, hoy serían, agentes encubiertos en otro país con un apoyo externo e inmunidad sin límites. Ellos se enfrentan a personas muy poderosas que no tenían ningún miramiento en matar a cualquiera; sin embargo, a ellos no los tocan, lo intentan en algún momento, pero no los pueden tocar. Van y vienen, y hacen lo que deben hacer para que se cumpla el plan de Dios sin que nadie pueda oponerse.
La naturalidad con que ellos realizan estos prodigios tiene que llamar nuestra atención. Si vemos a Moisés abriendo al mar, observamos preparativos, asistimos a un cierto ritual, lo mismo ocurre cuando cruzan el Jordán para ir a Jericó; pero con Elías y Eliseo todo lo que acontece es natural: caminan, abren el río y cruzan, y siguen conversando. Da la impresión que fueron casi ángeles de Dios encarnados, cumpliendo determinada misión.
También es llamativo que, desde la narración de Rut, el tenor de la situación general ha cambiado y se puede notar que entramos, en la historia contada, en una meseta. Al menos, hasta la llegada de Elías y Eliseo donde empieza, otra vez, una purificación profunda. Limpieza que se lleva a los idólatras y a sus ídolos.
Mientras tanto, hubo casi dos cientos años de, no sé si decir calma -porque en realidad existía todo tipo de luchas intestinas y fratricidas dentro del pueblo elegido, al punto de que en este momento de la historia se encuentran divididos en dos grupos, Israel y Judá, cada uno con su rey y en una situación, cuanto menos, tirante-.

Este ciclo de limpieza-calma/distracción-limpieza es una constante.
Esta seudo calma, en el sentido de que no se perseguía con tanto ahínco a los politeístas, a los idólatras -es más, eran estos mismos reyes quienes, a veces, daban el (mal) ejemplo-, permitía que quienes estaban escondidos por las persecuciones anteriores, se sintieran tranquilos y poco a poco expusieran sus ritos y costumbres públicamente, lo que, llegado el momento, posibilitaría a Dios separar nuevamente "la paja del trigo".

Al mismo tiempo y de manera paralela, se produce un hecho no menor: la tribu de Judá, parece ser la más unida, la que menos se dispersa, mientras que las otras tribus se muestran más proclives a integrarse con los otros pueblos, a mezclarse con "los otros". Esto podría llegar a pasar desapercibido, a ser un tema menor, un tema secundario, algo de lo que no vale la pena ocuparse, que se puede dejar de lado hasta que no llegue una normal consecuencia, pero no es así. Esta integración es fundamental, hace que los israelitas con sus ritos y costumbres y su adoración al único dios, el dios de los hebreos lleven esta novedad hacia afuera. Permite que "los otros" empiecen a conocer al único dios, al verdadero dios, del que ya habían escuchado hablar, ¿quién no había escuchado relatos del dios de los israelitas?, Por lo menos, en esa región, Yahveh ya era parte de las vidas de sus habitantes, de una forma o de otra.
Se soslaya, cada vez mejor, la trama de fondo, la línea conductora, la tanza que une las perlas de esta historia.
Cuando observamos una prenda demasiado de cerca puede ocurrir que lo único que veamos sea la tela; y si nos acercamos más lo que veremos en detalle será la forma en que los hilos se entrecruzan para formar la trama, y si vamos más cerca aún, podremos ver cada filamento de esos hilos por separado. De la misma manera, al alejarnos de esta historia, podemos comprender y ver que esos filamentos tejen una tela que es parte de una prenda. Esto no significa que no sea importante ver lo que ocurre con cada filamento del hilado de la tela, sino que, para comprender qué es lo que vemos, debemos acercarnos y alejarnos constantemente y de esa forma podremos tener la visión completa, o al menos, la más aproximada de las fibras y la prenda.
De igual manera, si leemos la Biblia y analizamos cada versículo vamos a encontrar en cada frase una enseñanza; lo que está bien, es correcto, es así, cada versículo puede tener su enseñanza, y de hecho la tiene. Pero también es importante ver la historia completa, en toda su extensión, para poder comprender la línea general, el motivo general, la columna vertebral que le da significado y motivo de ser.
La prenda que tomamos como ejemplo tiene un motivo de ser -sirve de vestimenta o abrigo para alguien, no es útil sola en sí misma-, al igual que la Biblia y la historia del pueblo elegido que tienen un motivo de ser, un motivo trascendental de ser, y no como pieza simplemente literaria o relato histórico.
La historia del pueblo elegido tiene un motivo de ser, el pueblo elegido tiene un motivo de ser, un motivo de existencia, un destino santo y trascendental, el cual, lentamente se va develando, cada vez es mas claro el mandato de erradicación del politeísmo y la preparación del terreno para la llegada del Mesías.

***

Detengámonos en algunos de los hechos de la vida de Eliseo. Realmente vale la pena conocerlos.

"Una de las mujeres de la comunidad de los profetas clamó a Eliseo diciendo: "Tu siervo, mi marido, ha muerto; tú sabes que tu siervo temía a Yahveh. Pero el acreedor ha venido a tomar mis dos hijos para esclavos suyos". Eliseo dijo: "¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa". Respondió ella: "Tu sierva no tiene en casa más que una orza de aceite". Dijo él: "Anda y pide fuera vasijas a todas tus vecinas, vasijas vacías, no te quedes corta. Entra luego y cierra la puerta tras de ti y tras de tus hijos, y vierte sobre todas esas vasijas, y las pones aparte a medida que se vayan llenando". Se fue ella de su lado y cerró la puerta tras de sí y tras de sus hijos; éstos le acercaban las vasijas y ella iba vertiendo. Cuando las vasijas se llenaron, dijo ella a su hijo: "Tráeme otra vasija". El dijo: "Ya no hay más". Y el aceite se detuvo. Fue ella a decírselo al hombre de Dios, que dijo: "Anda y vende el aceite y paga a tu acreedor, y tú y tus hijos viviréis de lo restante".

Un día pasó Eliseo por Sunem; había allí una mujer principal y le hizo fuerza para que se quedara a comer, y después, siempre que pasaba, iba allí a comer. Dijo ella a su marido: "Mira, sé que es un santo hombre de Dios que siempre viene por casa. Vamos a hacerle una pequeña alcoba de fábrica en la terraza y le pondremos en ella una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y cuando venga por casa, que se retire allí".
Vino él en su día, se retiró a la habitación de arriba, y se acostó en ella. Dijo él a Guejazí su criado: "Llama a esta sunamita". La llamó y ella se detuvo ante él. El dijo a su criado: "Dile: Te has tomado todos estos cuidados por nosotros, ¿qué podemos hacer por ti?, ¿quieres que hablemos en tu favor al rey o al jefe del ejército?". Ella dijo: "Vivo en medio de mi pueblo". Dijo él: "¿Qué podemos hacer por ella?". Respondió Guejazí: "Por desgracia ella no tiene hijos y su marido es viejo". Dijo él: "Llámala". La llamó y ella se detuvo a la entrada. Dijo él: "Al año próximo, por este mismo tiempo, abrazarás un hijo". Dijo ella: "No, mi señor, hombre de Dios, no engañes a tu sierva". Concibió la mujer y dio a luz un niño en el tiempo que le había dicho Eliseo. Creció el niño y un día se fue donde su padre junto a los segadores. Dijo a su padre: "¡Mi cabeza, mi cabeza!" El padre dijo a un criado: "Llévaselo a su madre". Lo tomó y lo llevó a su madre. Estuvo sobre las rodillas de ella hasta el mediodía y murió. Subió y le acostó sobre el lecho del hombre de Dios, cerró tras el niño y salió. Llamó a su marido y le dijo: "Envíame uno de los criados con una asna. Voy a salir donde el hombre de Dios y volveré". Dijo él: "¿Por qué vas donde él? No es hoy novilunio ni sábado". Pero ella dijo: "Paz". Hizo aparejar el asna y dijo a su criado: "Guía y anda, no me detengas en el viaje hasta que yo te diga". Fue ella y llegó donde el hombre de Dios, al monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a su criado Guejazí: "Ahí viene nuestra sunamita. Así que corre a su encuentro y pregúntale: ¿Estás bien tú? ¿Está bien tu marido? ¿Está bien el niño?". Ella respondió: "Bien". Llegó donde el hombre de Dios, al monte, y se abrazó a sus pies; se acercó Guejazí para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: "Déjala, porque su alma está en amargura y Yahveh me lo ha ocultado y no me lo ha manifestado". Ella dijo: "¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No te dije que no me engañaras?". Dijo a Guejazí: "Ciñe tu cintura, toma mi bastón en tu mano y vete; si te encuentras con alguien no le saludes, y y si alguien te saluda no le respondas, y pon mi bastón sobre la cara del niño". Pero la madre del niño dijo: "Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré". El pues, se levantó y se fue tras ella.
Guejazí había partido antes que ellos y había colocado el bastón sobre la cara del niño, pero no tenía voz ni señales de vida, de modo que se volvió a su encuentro y le manifestó: "El niño no se despierta". Llegó Eliseo a la casa; el niño muerto estaba acostado en su lecho. Entró y cerró la puerta tras de ambos, y oró a Yahveh. Subió luego y se acostó sobre el niño, y puso su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre los ojos, sus manos sobre las manos, se recostó sobre él y la carne del niño entró en calor. Se puso a caminar por la casa de un lado para otro, volvió a subir y a recostarse sobre él hasta siete veces y el niño estornudó y abrió sus ojos. Llamó a Guejazí y le dijo: "Llama a la sunamita". La llamó y ella llegó donde él. Dijo él: "Toma tu hijo". Entró ella y, cayendo a sus pies, se postró en tierra y salió llevándose a su hijo.

Cuando Eliseo se volvió a Guilgal había hambre en el país. La comunidad de los profetas estaba sentada ante él y dijo a su criado: "Toma la olla grande y pon a cocer potaje para los profetas". Uno de ellos salió al campo a recoger hierbas comestibles; encontró una viña silvestre y recogió una especie de calabazas silvestres hasta llenar su vestido; fue y las cortó en pedazos en la olla del potaje, pues no sabía lo que era. Lo sirvieron después para que comieran los hombres y, cuando estaban comiendo, comenzaron a gritar diciendo: "¡La muerte en la olla, hombre de Dios!". Y no pudieron comer. El dijo: "Traedme harina", y la echó en la olla. Dijo: "Repartid entre la gente". Comieron y no había nada malo en la olla.

Vino un hombre de Baal Salisa y llevó al hombre de Dios primicias de pan, veinte panes de cebada y grano fresco en espiga; y dijo Eliseo: "Dáselo a la gente para que coman". Su servidor dijo: "¿Cómo voy a dar esto a cien hombres?". El dijo: "Dáselo a la gente para que coman, porque así dice Yahveh: Comerán y sobrará". Se lo dio, comieron y dejaron de sobra, según la palabra de Yahveh. " (II Reyes 4:1-44).
 

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