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El por que de que los hebreos caminaran 40 aos en el desierto 23/01/2022Descargar gratis libro Un unico Dios


"EN ESTE DESIERTO NO QUEDAR UNO: EN L HAN DE MORIR"

Exploracin de Canan

Dios enva a un grupo a explorar el pas de Canan. sta era la tierra que Dios iba a dar a los israelitas tal como se los haba prometido.

"Yahveh habl a Moiss y le dijo: "Enva algunos hombres, uno por cada tribu paterna, para que exploren la tierra de Canan que voy a dar a los israelitas. Que sean todos principales entre ellos". Los envi Moiss, segn la orden de Yahveh, desde el desierto de Parn: todos ellos eran jefes de los israelitas." (Nmeros 13:1-2)

"Al cabo de cuarenta das volvieron de explorar la tierra. y se presentaron a Moiss, a Aarn y a toda la comunidad de los israelitas, en el desierto de Parn, en Cads.
Les hicieron una relacin a ellos y a toda la comunidad, y les mostraron los productos del pas.
Les contaron lo siguiente: "Fuimos al pas al que nos enviaste, y en verdad que mana leche y miel; stos son sus productos. Slo que el pueblo que habita en el pas es poderoso; las ciudades, fortificadas y muy grandes; hasta hemos visto all descendientes de Anaq.
El amalecita ocupa la regin del Ngueb; el hitita, el amorreo y el jebuseo ocupan la montaa; el cananeo, la orilla del mar y la ribera del Jordn".
Caleb acall al pueblo delante de Moiss, diciendo: "Subamos, y conquistaremos el pas, porque sin duda podremos con l". Pero los hombres que haban ido con l dijeron: "No podemos subir contra ese pueblo, porque es ms fuerte que nosotros". Y empezaron a hablar mal a los israelitas del pas que haban explorado, diciendo: "El pas que hemos recorrido y explorado es un pas que devora a sus propios habitantes. Toda la gente que hemos visto all es gente alta. Hemos visto tambin gigantes, hijos de Anaq, de la raza de los gigantes. Nosotros nos tenamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecamos a ellos"." (Nmeros 13:25-33)

"Entonces toda la comunidad alz la voz y se puso a gritar; y la gente estuvo llorando aquella noche. Luego murmuraron todos los israelitas contra Moiss y Aarn, y les dijo toda la comunidad: "Ojal hubiramos muerto en Egipto! Y si no, ojal hubiramos muerto en el desierto! Por qu Yahveh nos trae a este pas para hacernos caer a filo de espada y que nuestras mujeres y nios caigan en cautiverio? No es mejor que volvamos a Egipto?" Y se decan unos a otros: "Nombremos a uno jefe y volvamos a Egipto".
Moiss y Aarn cayeron rostro en tierra delante de toda la asamblea de la comunidad de los israelitas. Pero Josu, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Yefunn, que eran de los que haban explorado el pas, rasgaron sus vestiduras dijeron a toda la comunidad de los israelitas: "La tierra que hemos recorrido y explorado es muy buena tierra. Si Yahveh nos es favorable, nos llevar a esa tierra y nos la entregar. Es una tierra que mana leche y miel. No os rebelis contra Yahveh, ni temis a la gente del pas, porque son pan comido. Se ha retirado de ellos su sombra, y en cambio Yahveh est con nosotros. No tengis miedo".
Toda la comunidad hablaba de apedrearlos, cuando la gloria de Yahveh se apareci en la Tienda del Encuentro, a todos los israelitas. Y dijo Yahveh a Moiss: "Hasta cundo me va a despreciar este pueblo? Hasta cundo van a desconfiar de m, con todas las seales que he hecho entre ellos? Los herir de peste y los desheredar. Pero a ti te convertir en un pueblo ms grande y poderoso que ellos". Moiss respondi a Yahveh: "Pero los egipcios saben muy bien que, con tu poder, sacaste a este pueblo de en medio de ellos. Se lo han contado a los habitantes de este pas. Estos se han enterado de que t, Yahveh, ests en medio de este pueblo, y te das a ver cara a cara; de que t, Yahveh, permaneces en tu Nube sobre ellos, y caminas delante de ellos de da en la columna de Nube, y por la noche en la columna de fuego. Si haces perecer a este pueblo como un solo hombre, dirn los pueblos que han odo hablar de ti: Yahveh, como no ha podido introducir a ese pueblo en la tierra que les haba prometido con juramento, los ha matado en el desierto". Muestra, pues, ahora tu poder, mi Seor, como prometiste diciendo: Yahveh es tardo a la clera y rico en bondad, tolera iniquidad y rebelda; aunque nada deja sin castigo, castigando la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generacin". Perdona, pues, la iniquidad de este pueblo conforme a la grandeza de tu bondad, como has soportado a este pueblo desde Egipto hasta aqu". Yahveh: "Le perdono, segn tus palabras. Pero, vivo yo y la gloria de Yahveh llena toda la tierra, ninguno de los que han visto mi gloria y las seales que he realizado en Egipto y en el desierto, que me han puesto a prueba ya diez veces y no han escuchado mi voz, ver la tierra que promet con juramento a sus padres. No la ver ninguno de los que me han despreciado. Pero a mi siervo Caleb, ya que fue animado de otro espritu y me obedeci puntualmente, le har entrar en la tierra donde estuvo, y su descendencia la poseer. El amalecita y el cananeo habitan en el llano. Maana, volveos y partid para el desierto, camino del mar de Suf". Yahveh habl a Moiss y Aarn y dijo: "Hasta cundo esta comunidad perversa, que est murmurando contra m? He odo las quejas de los israelitas, que estn murmurando contra m. Diles: Por mi vida -orculo de Yahveh- que he de hacer con vosotros lo que habis hablado a mis odos. Por haber murmurado contra m, en este desierto caern vuestros cadveres, los de todos los que fuisteis revistados y contados, de veinte aos para arriba. Os juro que no entraris en la tierra en la que, mano en alto, jur estableceros. Slo a Caleb, hijo de Yefunn y a Josu, hijo de Nun, y a vuestros pequeuelos, de los que dijisteis que caeran en cautiverio, los introducir, y conocern la tierra que vosotros habis despreciado. Vuestros cadveres caern en este desierto, y vuestros hijos sern nmadas cuarenta aos en el desierto, cargando con vuestra infidelidad, hasta que no falte uno solo de vuestros cadveres en el desierto. Segn el nmero de los das que empleasteis en explorar el pas, cuarenta das, cargaris cuarenta aos con vuestros pecados, un ao por cada da. As sabris lo que es apartarse de m. Yo, Yahveh, he hablado. Eso es lo que har con toda esta comunidad perversa, amotinada contra m. En este desierto no quedar uno: en l han de morir".
Los hombres que haba enviado Moiss a explorar la tierra, que al volver haban incitado a toda la comunidad a murmurar contra l, ponindose a hablar mal del pas, aquellos hombres que haban hablado mal del pas, cayeron muertos delante de Yahveh. En cambio, Josu, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Yefunn, sobrevivieron de entre los hombres que haban ido a explorar la tierra. Refiri Moiss estas palabras a todos los israelitas y se afligi mucho el pueblo.
Madrugaron y subieron a la cumbre del monte, diciendo: "Vamos a subir a ese lugar respecto del cual ha dicho Yahveh que hemos pecado". Moiss les respondi: "Por qu hacis eso, pasando por encima de la orden de Yahveh? Eso no tendr buen xito. No subis, porque Yahveh no est en medio de vosotros, no vayis a ser derrotados frente a vuestros enemigos. Porque el amalecita y el cananeo estn all contra vosotros, y caeris a filo de espada, pues despus de haber abandonado vosotros a Yahveh, Yahveh no est con vosotros". Pero ellos se obstinaron en subir a la cumbre del monte. Ni el arca de la alianza de Yahveh, ni Moiss se movieron del campamento. Bajaron los amalecitas y los cananeos que habitaban en aquella montaa, los batieron y los destrozaron hasta llegar a Jorm." (Nmeros 14:1-45)

En este prrafo se encuentra el motivo de los cuarenta aos en el desierto. Los israelitas, otra vez, reniegan de Dios y desconfan de l. Nuevamente olvidan que no hay opcin y que, por ms que argumenten o busquen excusas, no van a poder volver a Egipto. Dios no lo va a permitir, ya se los ha dicho; pero su gente no termina de entender. Este pueblo no logra comprender y resignarse a la idea de que Dios tiene para ellos una tarea y que no los va a liberar de ella hasta que la hayan realizado, y concluido exitosamente. No hay lugar para el fallo, para el fracaso. En el plan de Dios ellos ya haban vencido y eliminado a los pueblos de esa zona, pueblos que haban cado en la degradacin, pueblos que no tenan redencin posible. Para Dios esto era casi un trmite, pero un trmite inexorable, no haba ninguna posibilidad de desistir de esta empresa. Pero lo ms grave, era, que no lo hacan con la frente en alto, sino a regaadientes, llorando y pataleando, como un nio malcriado, excepto unos pocos, como Josu, Num y Caleb, quienes tenan fe en Yahveh y saban que deban obedecer lo que Dios mandaba.

Al mirar toda la situacin se me ocurren dos cosas. Por un lado, Dios contina mostrando su enorme poder, por supuesto, obligando a este pueblo a que persevere en esta "marcha por el desierto" haciendo una campaa militar de tierra arrasada. Su ejrcito, el ejrcito de Dios, el cual haba sido, por decirlo as, entrenado en Egipto a travs de cuatrocientos aos de opresin.

Cuatrocientos aos de casi esclavitud que haban forjado su carcter, era obvio, que haban generado gente dura, capaces de todo, un ejrcito de temer. Esto era necesario, porque los pueblos a los que iban a tener que enfrentarse eran, tambin, belicosos, peligrosos, y de costumbres sanguinarias, no haba lugar para "blandos".
Por otra parte, Dios se asegura de que los peores del pueblo elegido, los menos evolucionados, los que menos fe tuviesen, los menos confiables, no formen parte de los fundadores de la Tierra Prometida, ya que, declara: ""En este desierto no quedar uno: en l han de morir"" (Nmeros 14:35). Y se asegura de que eso ocurra a la vista de todos, tanto de los propios, el pueblo israelita, como a la vista de "los otros", los otros pueblos que miraban lo que pasaba. Cmo es esto de que ocurra a la vista de todos? Pensemos: si tenemos en cuenta que Dios, para eliminar a uno, o a un grupo, no necesita cuarenta aos -ya lo ha demostrado-, sin embargo se toma cuarenta aos para hacerlo, es porque algo quiere demostrar. Posiblemente, es que de todos los que salieron de Egipto, de todos esos adultos, que son conocidos por "los otros", y que "los otros" conocen y saben que ms de uno era politesta, adorador de dioses prohibidos por Yahveh, esos y slo esos, no tomen posesin de la Tierra Prometida. sta debe ser obtenida por gente que tiene fe en Yahveh, o al menos, que no llegue con una carga tan pesada como la que traan los que salieron de Egipto.

Me imagino el tpico comentario de: "Quin se cree se que es, si yo lo conozco bien, se estaba en Egipto y adoraba a los dioses egipcios, y ahora dice que Yahveh es su nico dios. No le creo nada", o cosas por el estilo. Parece una tontera, pero no lo es, estamos hablando de actos, en esta historia, muy graves. Ser adorador de otros dioses era penado con la muerte por Dios, y de hecho esta campaa militar tena ese fin, para eliminar de la manera ms eficiente posible a la adoracin de dioses falsos, las costumbres brbaras y sangrientas. Era como una lucha entre el bien y el mal. La eterna lucha entre el bien y el mal. El bien encarnado en Yahveh y las nuevas costumbres, ritos y leyes, y el mal representado por todos esos pueblos sangrientos que eran capaces de ofrecer en sacrificio a sus bebs a dioses como Molec.
El ejrcito de Dios deba ser santo o perecer, ya que su tarea era una cruzada, una cruzada santa, una cruzada contra el mal.
Este concepto de bien y mal parece muy bsico, pero en este mundo donde hay una permanente dualidad de: bien, mal, lindo, feo, blanco, negro, derecha, izquierda..., queda en evidencia que entre dos extremos hay grises. El punto es, me parece, que en ese lugar haba un desbalance y las cosas se haban corrido demasiado hacia el extremo negativo.

***

Pienso ahora, si las cruzadas de la Edad Media, de la Iglesia Catlica, no habrn tenido como inspiracin o modelo esta cruzada de los israelitas. Si la Iglesia Catlica no asumi que la tarea no se haba terminado y que deba continuarse contra los "herejes", asumiendo una tarea que Dios haba mandado.
Nunca debemos olvidar que el catolicismo es la continuacin del judasmo, ya que en realidad la religin es la misma, slo que los judos no reconocieron al Mesas, Jess, y los catlicos s, y por ese motivo se separaron. Mientras los judos siguen esperando al Mesas, los catlicos avanzan con la lnea trazada desde el principio.

***

"Los israelitas, toda la comunidad, llegaron al desierto de Sin el mes primero, y se qued todo el pueblo en Cads.
All muri Mara y all la enterraron.
No haba agua para la comunidad, por lo que se amotinaron contra Moiss y contra Aarn.
El pueblo protest contra Moiss, dicindole: "Ojal hubiramos perecido igual que perecieron nuestros hermanos delante de Yahveh. Por qu habis trado la asamblea de Yahveh a este desierto, para que muramos en l nosotros y nuestros ganados? Por qu nos habis subido de Egipto, para traernos a este lugar psimo: un lugar donde no hay sembrado, ni higuera, ni via, ni ganado, y donde no hay ni agua para beber?"
Moiss y Aarn dejaron la asamblea, se fueron a la entrada de la Tienda del Encuentro, y cayeron rostro en tierra. Y se les apareci la gloria de Yahveh. Yahveh habl con Moiss y le dijo: "Toma la vara y rene a la comunidad, t con tu hermano Aarn. Hablad luego a la pea en presencia de ellos, y ella dar sus aguas. Hars brotar para ellos agua de la pea, y dars de beber a la comunidad y a sus ganados".
Tom Moiss la vara de la presencia de Yahveh como se lo haba mandado.
Convocaron Moiss y Aarn la asamblea ante la pea y l les dijo: "Escuchadme, rebeldes. Haremos brotar de esta pea agua para vosotros?" Y Moiss alz la mano y golpe la pea con su vara dos veces. El agua brot en abundancia, y bebi la comunidad y su ganado.
Dijo Yahveh a Moiss y Aarn: "Por no haber confiado en m, honrndome ante los israelitas, os aseguro que no guiaris a esta asamblea hasta la tierra que les he dado"." (Nmeros 20:1-12)

Queda claro que ni Aaron ni Moiss deban llegar a la Tierra Prometida. Dios les hace saber a ambos que le haban fallado y que por eso no entraran en la tierra que haba prometido a su pueblo. Es ms, Aaron muere es la frontera con Edom, cerca de donde haba ocurrido la rebelin del agua de Merib.
Haban pasado rodeando Edom, pueblo al que los israelitas no agreden, por lo que debemos pensar que deban ser "rescatables". Pero al llegar al Negueb, el rey de Arab los ataca y toman algunos israelitas prisioneros. Con estos s combaten y destruyen sus ciudades.

Luego, al continuar su marcha:

"Partieron de Hor de la Montaa, camino del mar de Suf, rodeando la tierra de Edom. El pueblo se impacient por el camino. Y habl el pueblo contra Dios y contra Moiss: "Por qu nos habis subido de Egipto para morir en el desierto? Pues no tenemos ni pan ni agua, y estamos cansados de ese manjar miserable".
Envi entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordan al pueblo; y muri mucha gente de Israel.
El pueblo fue a decirle a Moiss: "Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes," Moiss intercedi por el pueblo. Y dijo Yahveh a Moiss: "Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mstil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivir".
Hizo Moiss una serpiente de bronce y la puso en un mstil. Y si una serpiente morda a un hombre y ste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida." (Nmeros 21:4-9)

No hemos escuchado esto antes? "Por qu nos habis subido de Egipto para morir en el desierto?", otra vez, s, otra vez, y lo vamos a escuchar muchas veces ms. No hay caso. Esta gente no aprende. Pero tiene que hacerlo, o por su propia voluntad, o por voluntad de Dios. Sin embargo, no aprenden.
As va a ser toda la marcha en el desierto, los cuarenta aos, una y otra vez, Dios les entrega una ciudad o varias, ellos la toman gracias a que l est con ellos. Pero, luego, o antes, se quejan, Dios se enoja porque nuevamente lo decepcionan, los castiga, vuelven a agachar la cabeza, piden disculpas, hacen lo que tienen que hacer, y el crculo se cierra y recomienza otra vez.
Estos ciclos que se reiteran los vamos a ver infinidad de veces.
Lo triste de ellos, es la violencia inherente, las muertes, las ciudades arrasadas. En este camino de eliminacin de la idolatra de dioses falsos Dios ha dejado un ro de sangre.

***

Leer la Biblia, tratando de comprenderla, analizando, no slo lo que dice sino, tambin lo que no dice, es una tarea absolutamente abrumadora. Por un lado, es maravilloso presenciar cmo Dios arma determinadas historias para que se cumplan sus designios y ejemplos. Pero por otra parte, se descubre que toda la gente, el material humano, de esa pequea parte del mundo, dejaba mucho que desear. Los pueblos de esa regin eran tremendamente primitivos, abocados a cultos primitivos y sanguinarios, y verlos entregados a prcticas violentas puede llegar a ser, cuanto menos, agobiante.
Leerle todas estas historias a mi hijo Lautaro de diez aos, tratando de dilucidar, qu leerle de manera textual, qu interpretar, y qu directamente ocultarle, me cans un poco.
Cada vez que le leo a Lautaro esta frase "Por qu nos habis subido de Egipto para morir en el desierto?", Lautaro se toma la cabeza, y nos remos, pero la realidad est lejos de la risa.
Se pueden imaginar lo que me cost leerle esta "marcha por el desierto" a Lautaro sin que tuviese pesadillas.
Porque yo las tuve

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  • Un nico Dios ISBN 9789873324383, y El observador ISBN 9789873324376
  • por Alberto Canen, todos los derechos reservados, copyright 2010-2018
  • Buenos Aires, Argentina
  • editor@albertocanen.com
  • El observador y Un nico Dios por Alberto Canen se encuentran bajo una Licencia Creative Commons Atribucin-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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